HISTORIA DE UNA ESTACIÓN

El auge de la actividad siderúrgica en nuestro país supuso un avance tecnológico que llevó a diversas sociedades a plantear proyectos ferroviarios entre 1845 y 1855. Uno de estos, organizado por los hermanos Péreire (Caminos del Hierro del Norte de España), contempló comunicar Madrid con el País Vasco y asegurar así un transporte de carbón y alimentos frescos seguro y rápido. Esta línea, también conocida como la Imperial, atravesaría Ávila, Medina del Campo, Valladolid, Burgos, Miranda de Ebro, Vitoria y San Sebastián. Con el tiempo, la línea Imperial se convertiría en una de las más importantes comunicaciones entre el centro y el norte de España.

El proyecto comenzó en 1856, y la estación inició sus obras en 1859. Los encargados de diseñar y construir la estación fueron discípulos de Eiffel. Tanto el edificio central como sus dos torres mantienen una estética francesa típica de la época que recuerdan a la Torre Eiffel. El proyecto quedó paralizado un tiempo por causas políticas y no fue hasta 1976 que se abrieron la línea Imperial y la estación del Norte.

Con el uso de la línea, pronto surgieron problemas de espacio en la estación, por lo que se encargó a los ingenieros franceses Biarez, Grasset y Ouliac su remodelación. Esta consistía en dividir la estación en tres zonas: dos edificios en forma de “L”, para las salidas y llegadas, y una marquesina de grandes dimensiones que cubría las vías y el área de mercancías, y que a su vez unía los dos edificios mencionados anteriormente. Esta estructura comenzaría a ser empleada posteriormente por el resto de estaciones en España.

Aunque la línea tenía un designio totalmente industrial, se empezó a utilizar en 1882 una de las dos torres con unos jardines exteriores, que salvaban el desnivel de la Cuesta de San Vicente, exclusivamente para el transporte de pasajeros. Actualmente este edificio se puede ver en el Paseo de la Florida.

Posteriormente, en 1925, se inauguró un ramal de la línea 2 que comunicaba la estación con la de Isabel II. Se construyó también un segundo edificio para pasajeros en 1928.

El comienzo de la Guerra Civil en España supuso unos daños humanos y materiales devastadores, y la estación del Norte no resultó impune, ya que los bombardeos y el fuego de artillería la dañaron considerablemente. La compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España quebró, y tuvo que ser el Estado quien se hiciese cargo de la reparación material y económica de la estación. Surgió entonces RENFE, que se encargaría de gestionar la red ferroviaria española. Una vez restaurada la estación, pasó a un segundo plano, debido a que la estación de Atocha se puso en cabeza por su versatilidad.

A partir de 1960, se comenzaron a inaugurar nuevos accesos ferroviarios que dejarían a la Estación del Norte en una situación muy contraproducente. En 1964, la línea de circunvalación de mercancías, y en 1967, la estación de Chamartín. A partir de entonces, la Estación del Norte solo acogería trenes de cercanías hasta 1979, donde acogería también trenes Talgo y expresos hacia Galicia.

En 1933 la Estación del Norte efectuó su último viaje en tren con destino a Galicia, cerrando definitivamente tras este para realizar obras una vez más. Estas remodelaciones dotarían a la estación de una gran profundidad por donde pasarían posteriormente las líneas 6 y 10 de Metro. Una vez acabadas las obras, la Estación del Norte pasa a llamarse Príncipe Pío.

La adaptación de la estación a la que hoy conocemos como Príncipe Pío llevó consigo la restauración de la fachada y la recuperación de la estrella roja (de la Compañía de los Ferrocarriles del Norte) y del reloj de la estación.

Español